Supongo que el viajes de Christopher, o de Alex, es el viaje que el propio Penn quiso recorrer a esa edad, todos tenemos la necesidad, alguna vez en la vida, de soñar un viaje así.
Dividida en cinco partes, capítulos, que narran la evolución del protagonista, de una manera mucho menos caótica que la Caótica Ana de Medem, vamos introduciéndonos en su vida, en su viaje, en la vida que recurre su viaje, las certeras referencias a escritores clásicos, la vision de una sociedad, de la América profunda y llena de clichés.
La utilización de flashbacks, nos acerca a comprender las motivaciones del viaje, la familia de Christopher, aunque quizás exagerada, nos clarifica la huida.
La soledad en todos sus facetas y sentimientos, la búsqueda de uno mismo empieza por los demás, y no siempre te encuentras solo sin gente, es lo que nos parece decir la película, una frase en su diario nos resume: “La felicidad no es nada si no es compartida”. Una vez en la vida todos tenemos la necesidad de dejar todo atrás, de despedirnos con un mensaje en la arena. Quiero creer que esa necesidad de libertar es la que sintió Sean Penn al leer el guión, y, con su particular estilo visual adaptó y moldeo la idea.
La actuación de Emile Hirsch es magnífica, aunque, variable: en las escenas en el autobus, con más fuerza dramatica es genial, aunque no tanto en determinados flashbacks, como su época de Universidad.
Me sorprendió mucho con la nominación al Oscar de Hal Holbroock, ya que su papel, lejos de ser nimio no es del todo importante en la película, ni, en mi opinion, tan bueno como para merecer la nominación, a pesar de que las escenas en las que están subiendo las montañas está soberbio.
En definitiva varias películas en una sola, cada flashback se convierte en una historia con entidad propia, que se van hilando con los recuerdos del viaje de Chris.
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