¿Puede el teatro convertirse en cine? En esta era digital, en la que las películas se cuentan por los planos de efectos especiales, ¿Puede concebirse una película con sólo ocho planos?
Alfred Hitchcock lo hizo, bueno, lo intentó, la extensión de los rollos no le permitió hacerlo de una sola toma, cada toma dura ocho minutos, lo que cada rollo permitía.
La soga es una película subestimada de hitchock, basada en una obra teatral, y realizada en el cine como tal, sin cortes, en el mismo escenario, el apartamento de Brandon y Philip, en Nueva York, en el que, un día tranquilo, de un mes tranquilo asesinan a un compañero de universidad, David, simplemente por que se creen superiores a él. Celebraran una fiesta, con el único objetivo de disfrutar especulando sobre si alguien les descubrirá o no.
Hitchcock nos impregna con toda la película, hace que nos introduzcamos en ella, pero poco a poco, de uno en uno, unas veces seremos Brandon, jugando con sus invitados, provocándoles, otras el arrepentido Philip. Nos pondremos en tensión siendo Rupert Cadell (James Stewart), su antiguo profesor de universidad, el que más cerca está de resolver el enigma, de su novia, de sus padres… siempre desde un punto de vista objetivo.
En fin, con esta película respiramos en ambiente agobiante de la habitación de Nueva York, al más puro estilo de las películas de suspense, pero con una vuelta de tuerca más, no se trata de descubrir al asesino, ya lo sabemos, sino de descubrir quién descubre al asesino.
Lo dicho, el teatro hecho película con la maestría de Hitchcock.
Anécdotas:
Se trata de la primera película de Hitchcock en color, su cameo consiste en su perfil dibujado con luces de neón que se ven a través de la ventana del escenario.
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